AUTOBIOGRAFÍA
LA ARQUITECTURA DEL FANTASMA
HÉCTOR LIBERTELLA
(Los tres editores – Madrid)
Tal vez se podría afirmar, sin demasiado temor a equivocarnos, que hasta hace muy poco tiempo Héctor tenía una sola lectora en España: La Dra. Ana Gallego Cuiñas. Ahora acaba de aparecer el segundo: El reconocido crítico y editor Ignacio Echevarría. De la primera da cuenta su excelente ponencia en el libro compilado por Silvana López: “A contrario sensu Libertella: Una economía arcaica de la ficción”; la existencia del segundo se verifica con el cuidado prólogo a la reciente (re)-edición española de “La arquitectura del Fantasma. Una autobiografía” por el sello debutante Los tres editores.
Poética literaria diferente
Podríamos completar esta lista de lectores a-notables con el único inglés: Jeremy Munday o los dos italianos: Annabella Canneddu & Loris Tassi. La idea que estoy tratando de desarrollar acá es la del funcionamiento de una poética literaria diferente a cualquier otra que se haya visto en los últimos 50 años. El mismo Héctor lo explicó brillantemente en el fragmento que reproduzco a continuación: “Ahí donde hay un interlocutor, un solo interlocutor, ahí se constituye un mercado. ¿Qué quiere decir esto? Los transpiradores se pasan la vida buscando vender miles de ejemplares a cambio del 10 por ciento de los bolsillos de sus lectores. Pero con un simple susurro al oído del emperador Octavio Augusto, Cayo Clinio Mecenas colocó a Virgilio en el palacio. Y el mercado unipersonal de Virgilio hasta terminó siendo más grande que el del popular y esforzado Petronio. Hoy en Argentina”, me dijo en una entrevista que le hice en 2002, “tal vez convenga llevar sólo 300 ejemplares al hueso del ghetto literario, en lugar de 30.000 a la adiposis masiva”. Huelga aclarar que estaba en lo cierto.
Su apuesta por lo arcaico, en todo sentido, no sólo incluía hiperbóreos, miticistas, cavernícolas, semidioses y, especialmente, lucidez, sino también, como destacó Daniel Guebel durante la presentación del nuevo volumen, una fascinación por la alquimia. Esta práctica proto-científica, esotérico-mística, filosófico-medieval, buscaba transformar metales básicos en oro y descubrir el elixir de la vida eterna. Por eso no es casual que sea considerada como la precursora de la química moderna ni que Héctor haya estudiado Ingeniería Química antes que Letras en su Bahía Blanca natal. Así, entonces, esta Autobiografía teórica confirma el hallazgo lacaniano: La verdad tiene estructura de ficción.
Tampoco estaría de más mencionar que acá el estilo de Héctor es ameno, cordial, fragmentado, cuestionando la continuidad clásica (espacio-temporal) y priorizando el efecto estético de lo conceptual, es decir, de una vida examinada artísticamente. Por eso habla de tantas películas y novelas clásicas, obras de teatro y piezas musicales vanguardistas, happenings, y, claro, arquitectura: El dominio del saber según Aristocles.
Apuntemos, por último, que el único cambio (in)significante entre la primera edición y esta nueva es el reemplazo de una fotografía autoral de Adriana Lestido por una serie que tomó Gerardo Dell´Oro. Sí, parece como si Héctor aún estuviera editando sus libros desde el más allá, para que no deje de funcionar esa alquimia lingüística (¡Dell´Oro!) que tanto cultivó a lo largo de su vida.
Marcelo Damiani
LA GACETA